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Bienestar Ensayo

El valor de hacer algo que no sirve para nada

Vivimos en una cultura que evalúa cada actividad por su productividad, su utilidad o su potencial de ingresos. Pero hay una categoría de acción que ninguna de esas métricas puede medir: hacer algo simplemente porque quieres hacerlo.

Hay una pregunta que aparece cada vez que alguien empieza a aprender algo nuevo: ¿para qué sirve? Es una pregunta honesta. El tiempo es escaso. Hay otras cosas urgentes. ¿Vale la pena dedicar horas a aprender guitarra si no vas a ser músico? ¿Tiene sentido tomar un taller de acuarela si no vas a vender cuadros?

La pregunta está mal formulada. No porque sea cínica, sino porque parte de un supuesto que no se cuestiona: que el valor de una actividad está en su resultado externo. En lo que produce, en lo que acumula, en lo que se puede mostrar o vender o poner en un CV.

Lo que ocurre mientras aprendes

Cuando aprendes algo sin un objetivo de resultado definido, algo extraño ocurre en el cerebro. Las redes neuronales que procesan el aprendizaje creativo son las mismas que procesan el juego. Y el juego, en términos evolutivos, es uno de los estados más importantes del organismo: es cuando el sistema ensaya comportamientos nuevos sin el costo del error real.

Dicho de otra forma: cuando haces algo sin presión de resultado, tu cerebro aprende de una manera que es más profunda, más flexible y más duradera que cuando aprendes bajo presión de evaluación. La nota, el like, el cliente, la venta —todas esas métricas externas activan sistemas de estrés que, paradójicamente, reducen la calidad del aprendizaje.

El derecho a la torpeza

Una de las cosas más difíciles para los adultos que empiezan a aprender algo nuevo es ser torpes. En la infancia, la torpeza es esperable. Nadie se sorprende de que un niño de cinco años haga garabatos cuando intenta dibujar. Pero un adulto que toma su primer taller de pintura y hace algo feo siente vergüenza. Siente que debería ser mejor. Siente que ya debería saber.

Esa vergüenza es exactamente lo que hay que disolver. La torpeza en el aprendizaje adulto no es evidencia de incompetencia: es evidencia de que estás aprendiendo algo genuinamente nuevo. Es la única forma en que el cuerpo y la mente pueden absorber habilidades que antes no tenían.

Lo que no tiene nombre en un CV

Aprender algo sin utilidad práctica tiene efectos concretos que son difíciles de medir pero fáciles de sentir: mejora el humor, reduce la rumiación, aumenta la capacidad de atención sostenida, construye una relación más amable con el propio cuerpo y la propia mente. Y hace algo que quizás es lo más importante: te recuerda que hay partes de ti que no están al servicio de nadie.

En una cultura que tiende a convertir todo en contenido, todo en producto, todo en oportunidad, hay algo radicalmente subversivo en hacer algo que no sirve para nada. En hacer cerámica aunque las tazas salgan chuecas. En tocar guitarra aunque nunca toques para nadie. En escribir aunque nadie lo lea.

Es un pequeño acto de libertad. Y los actos pequeños de libertad, practicados con regularidad, cambian la forma en que uno habita su propia vida.

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