Por Pichita Fuenzalida · ALALA Revista
Hay personas cuya vida parece estar hecha de capas: memoria, intuición, oficio, humor, heridas, luz. En Marcela Krause, todas esas capas conviven con una naturalidad que solo tienen quienes han aprendido a mirar el mundo desde el arte. Su historia es la de alguien que nunca dejó de crear, incluso cuando la vida la empujó por caminos que parecían alejados de los colores, los talleres y las salas de exposición.
Marcela se define desde un lugar simple y honesto: “Desde que tengo uso de razón me enamoré del arte”. No lo dice como una frase bonita, sino como una verdad que la ha acompañado toda la vida. Para ella, la creación es una forma de entregar algo a los demás, una manera de conectar con lo humano desde un lenguaje que no necesita traducción.
El origen de una idea que se convirtió en espacio
La historia de EspacioA —su proyecto, su casa creativa, su lugar de encuentro— comenzó en 2014, en una exposición colectiva en Lima. Entre artistas, risas y conversaciones que suelen aparecer cuando la creatividad se mezcla con la noche, surgió una pregunta que todos respondieron sin pensarlo demasiado: ¿Qué harías si tuvieras recursos ilimitados?
Mientras algunos soñaban con talleres gigantes, Marcela imaginó algo más amplio: un lugar donde convivieran una galería, un centro cultural, talleres, exposiciones y experiencias educativas que acercaran el arte contemporáneo a personas de todas las edades. Un espacio familiar, abierto, donde el arte dejara de sentirse lejano o difícil de entender.
Diez años después, esa idea se materializó. Hoy EspacioA es un punto de encuentro para artistas, estudiantes, curiosos y personas que buscan algo que no siempre saben nombrar.
Acercar el arte a quienes creen que no es para ellos
Marcela tiene una convicción profunda: muchas personas se alejan del arte porque sienten que no lo entienden, o porque en algún momento de su vida alguien les dijo que no eran “buenos” para crear. “Pienso que las clases de arte, música y deporte no deberían tener notas”, dice. “Nos hace sentir una exigencia que nos desconecta de nuestras capacidades”.
Su trabajo busca romper esa distancia. Convocar artistas de distintas disciplinas, abrir puertas, generar experiencias que permitan que el arte contemporáneo deje de ser un territorio exclusivo. Para ella, la cultura es empatía: ponerse en el lugar del otro, reconocer que sin bienestar básico no existe la posibilidad de expandirse hacia lo simbólico.
Marcela habla con humor y lucidez sobre cómo el arte ha sido, desde las pinturas rupestres, la forma más fiel de conocer quiénes hemos sido.
“Lo demás son interpretaciones”, dice riendo. “Pero una obra… una obra siempre manifiesta quiénes somos en el momento en que somos”.
Bienestar, creatividad y cultura: tres palabras que se entrelazan
Cuando le pregunto por estos conceptos, Marcela responde sin filtros: “Son tres preguntas muy distintas”. Para ella, el bienestar comienza con lo básico: comer, educarse, tener sueños, sentir que uno es. La cultura aparece después, o quizás siempre estuvo ahí, integrada en quienes somos. La creatividad, en cambio, es un territorio aparte: “Todos somos creativos. Siempre estamos buscando algo que creer”.
Habla de su propia historia con honestidad desarmante. De cómo durante años pensó que era “la mejor” porque sacaba buenas notas. De cómo el arte la obligó a mirarse, a autocriticarse, a cambiar, a pedir ayuda. “Mi mente explotó de alguna manera”, dice. “Ya no necesito ser la mejor”.
El impacto de su trabajo: una luz que acompaña
Marcela cree que el arte tiene una función silenciosa: recordarnos que no estamos solos. “Quizás todos tenemos solo una pizca de luz”, dice. “Y esa luz, en una frase, en un color, en una frecuencia, puede decir: no estás solo”.
Ha visto transformaciones profundas en quienes participan en EspacioA. Personas que llegaron en momentos equivocados, otras que se fueron, otras que juzgaron, otras que encontraron un lugar para quedarse. Diez años dan para muchas historias, pero también para entender que cada proceso es único.
Aprendizajes y desafíos
Uno de sus aprendizajes más importantes ha sido la humildad de pedir ayuda y dejar de juzgar. “Cada uno está en su proceso”, dice. Sobre los desafíos, responde con una mezcla de humor y honestidad: “Demasiados en mi vida que aún voy a callar”. Y sobre los obstáculos, simplemente: “Siga participando. Algún día estaré preparada. Hoy no”.
Lo que la inspira hoy
La inspiración de Marcela está en lo cotidiano, en lo que muchos pasarían por alto: el ronquido de su marido, los perros queriendo salir al patio, los hijos despertando, incluso cuando no les gusta lo que hay para comer. Sus padres vivos, las clases en EspacioA, la energía que circula en ese lugar. “Eso me hace sentir que mi corazón está lleno”, dice. “No hay nada que pueda opacar mi alegría”.
Un consejo para quienes quieren comenzar un camino similar
“Que se sientan”, dice. “Que se junten con personas que realmente los quieran apoyar, y que ese apoyo a veces es hacerlo crecer”. Y agrega algo esencial: “Jamás desconectarse del corazón. Las luces estarán, los likes también. Pero aprender a respirar… aunque sea un suspiro al día”.
Recomendaciones y experiencias
Marcela no promete que todo pasa en EspacioA. Reconoce que hoy existen canales, diplomados, experiencias, lugares donde aprender. “Gocen el mundo”, dice. “Pero con un límite: busquen conexiones”. Y en ese camino, EspacioA está para acompañar, conectar, abrir puertas, ver a jóvenes brillar.
Para quienes aún no la conocen
Se ríe antes de responder: “No se pierden de nada”. Y luego vuelve a reír, como quien sabe que la vida es demasiado compleja como para tomársela demasiado en serio.
Instagram de Marcela: @marcelakrauseart
Sitio web: marcelakrause.com
Instagram de EspacioA: @galeriatallerespacioa
Sitio de EspacioA: espacioa.cl
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