Violeta Urzúa
Terapeuta de Tarot y Canalización · Ñuñoa, Santiago
“La sanación ocurre dentro, no fuera.”
Violeta Urzúa aprendió a leer el Tarot a los 12 años, enseñada por su abuela materna Diana. Durante años fue apenas un juego, después un hobbie con las amigas, y con el tiempo algo que fue tomando en serio a medida que comprendía que no se trataba de adivinar el futuro, sino de ayudar.
Hoy vive en Ñuñoa y se dedica al Tarot terapéutico: lecturas y una terapia propia que construyó con la canalización de mensajes de los ángeles de las personas que atiende, información a la que —dice— ni la misma persona sabe que tiene acceso, y que resulta valiosa para su sanación.
El camino hasta dedicarse de lleno al Tarot
“Toda la vida me sentí el bicho raro”, cuenta. No le atraía la vida que la mayoría persigue —la universidad, ocho horas de oficina frente a un computador— y pasó por momentos depresivos sin encontrarle sentido a nada de eso. Entró a estudiar tres carreras distintas y las dejó todas. Trabajó como secretaria hasta que, embarazada de su segunda hija, decidió que no volvería a una oficina nunca más.
Fueron su madre y su marido quienes la impulsaron a convertir su don en un trabajo. Partió tímidamente en 2017, mientras cerraba una tienda de ropa usada que no había funcionado, y se dedicó de lleno a las lecturas a distancia.
“La sanación ocurre dentro, no fuera.”
Equilibrio, creatividad y cultura
Para Violeta el bienestar se resume en una palabra: equilibrio. “Si nos movemos en puntos medios, nos sentimos bien, vivimos bien”, dice. La creatividad, en cambio, es la parte de nosotros que no debería envejecer nunca: “Aunque tenemos este cuerpo de adultos, nuestra alma sigue siendo la misma que llegó a este mundo al nacer”. La creatividad, para ella, es libertad de ser.
El impacto de su trabajo
Ha visto personas que no querían vivir recuperar energía creativa y darse una nueva oportunidad; parejas a punto de terminar, entendiéndose al fin; personas con traumas profundos, sin solución tras pasar por varios especialistas, sanando y viendo luz al final del túnel.
Uno de sus aprendizajes más importantes ha sido no juzgar: “Detrás de la ira, solo hay un dolor tan grande que necesitamos defendernos para no sufrir más. Detrás de la envidia, un gran autorechazo. Detrás de la depresión, heridas abiertas del pasado. Detrás de los celos, una profunda inseguridad”.
Desafíos: el síndrome del impostor
Los desafíos más grandes de Violeta han estado dentro de ella más que afuera. “Por años tuve el síndrome del impostor”, cuenta. También le costó confiar en que se puede lograr estabilidad económica sin haber estudiado una carrera, y lamenta que la palabra “Tarot” esté tan manoseada por quienes no la usan bien.
Un consejo para quienes quieren comenzar un camino similar
“Que sea coherente con lo que su corazón le dice, no cuestionar ese llamado, porque al final cuando estamos donde debemos estar, todo encaja”. Y agrega: que más que buscar hacer todo perfecto, busquen hacer las cosas con amor, con vocación, “porque eso nos asegura el mejor resultado, no perfecto, pero el mejor”.